Somos cuerpo y alma unidos. Unidos tan estrechamente que no hay límite alguno entre ambos. La persona se expresa a través del cuerpo. Necesitamos manifestaciones corporales de amor.

Cuando canto a toda voz mi canción preferida, vibran  mis cuerdas vocales pero también me emociono, me vibra el alma.

Y cuando estoy triste, mi espíritu languidece y mi cuerpo también.

Así mismo, cuando yo amo, mi cuerpo y mi alma unidos aman.

De hecho, a los distintos tipos de amor corresponden manifestaciones físicas de afecto también distintas. No le expreso mi amor de igual manera a mi marido, a mi hijo, a mi  amigo.

Con frecuencia, las parejas llegan a terapia o mediación exhaustas. Llevan meses, a veces años, dando vueltas  a lo que les pasa. Han hablado horas y horas de los problemas de su relación. Están agotados y no encuentran el camino que les lleve a la reconciliación.

Muchas veces les recomiendo que no hablen y les pido: “¿podéis daros un abrazo?”. “¿ahora?”, preguntan. “Si, ahora”. Y es mágico. Todo cambia. La tensión se desvanece como la niebla con el sol de la mañana. Puedo observar cómo los músculos se relajan y el corazón se ablanda.

Un abrazo atempera el alma, reconstruye, restaura el corazón herido.

A través de un abrazo transmitimos afecto, seguridad, reconocimiento, ternura.

Hay personas que no se sienten cómodas al dar o recibir manifestaciones corporales de afecto. Quizás, al ser conscientes de eso, debamos pensar en el porqué de esa incomodidad, ya que para todos es necesario.

Tenemos que tener más expresiones físicas de afecto: con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestro pareja.

Si alguno de nuestros hijos rehuye los besos o los abrazos, debemos ser creativos. Las cosquillas o los “juegos de luchas” son un buen recurso para estos casos. Cuando un padre se revuelca por la alfombra fingiendo que pelea con su hijo, o cuando una madre juega a las peluquerías, de alguna manera está acariciando a su hijo. Y esas caricias diluyen los miedos, aportan seguridad, restauran equilibrios internos, elevan la autoestima, transmiten cariño.

Con los ancianos y con los enfermos, el contacto físico amable y oportuno, no sólo acaricia la piel del que sufre, sino también acaricia su alma; alivia el sufrimiento de su cuerpo y de su historia; previene el aislamiento; levanta el ánimo; genera salud.

La caricia, el abrazo, engrandece la belleza interior, la de la dignidad del ser humano, por encima de su belleza física.

En el matrimonio es imprescindible el contacto físico. La unión entre los cónyuges es una unión íntima de cuerpo y alma.

  • ¿Cómo es nuestra complicidad?
  • ¿Tenemos una buena comunicación?
  • ¿Tengo manifestaciones físicas de cariño? ¿Le beso? ¿Le abrazo?
  • ¿Le miro con ternura?
  • ¿Pienso en la felicidad de mi cónyuge en nuestras relaciones sexuales?

Abrazar es muchas veces la manera más inteligente y eficaz de superar un conflicto. Así que no te lo pienses. Abraza. En silencio. No hacen falta palabras.

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